'The dogs are howling
And the night is
black enough to touch...
So hold up that fire
burning flame of love...
And when the
darkness comes
Like it does... for us all...
You better run... To my world'


Pausada, melancólica, reposada, con una melodía que acaricia suavemente, donde las típicas variaciones progresivas son conducidas principalmente por los teclados de Manfred Von Buttlar, cambios de ritmo inesperados y sorprendentes, una base rítmica (Horst Stabenow, bajo y Jürgen Weritz, batería) lo suficientemente creativa para este tipo de música, que cumple su papel de dar fondo, sustento y relieve a los no excesivos devaneos instrumentales de teclas y guitarra, y en general, una atmósfera onírica que hace que sus casi 23 minutos de duración se pasen 'volando', tal vez por no ser demasiado 'barroca', sino más bien simple y sencilla en proporción a su duración. Después de ese vuelo sin motor viene Tharsis. Algo más animada, tampoco demasiado, es otro ejercicio de amplios desarrollos instrumentales, esta vez con algo más de relevancia por parte de la guitarra de Heinz Mikus, que fue el guitarrista y principal líder de las diferentes encarnaciones de la banda hasta los últimos días de Risk y que además nos canta y cuenta una historia alucinante acerca de un pájaro gigantesco procedente del espacio, llamado Tharsis, que viene a destruir la tierra (jodeeer...). En fin, un despliegue muy mesurado y contenido, casi minimalista, sin grandes alardes, de progresión rockera, que marcó la línea de salida de una banda llamativa por su camino recorrido. El génesis de lo que vendría después, con disfraces de bárbaros incluidos...
Si no fuese por el inmenso carisma y reconocimiento de Nuestro Señor Ronnie James Dio, Elf hubiese sido una banda más de esas que pasan sin pena ni gloria por los escenarios y los altavoces del mundillo del Rock. Pero daba la casualidad de que ese canijo cantante, antes de convertirse en uno de los Dioses del Metal, ya hacía de las suyas en la susodicha formación. Y el caso es que escuchándolos no te imaginarías todo lo que vino después... pues lo que Elf proponían no era ni más ni menos que música ligera, Rythm'n' Blues, Rock'n'roll de garito, de piano juguetón, de guitarra vacilona, de ritmos casi bailables, de pasar un buen rato. De sobra es conocida la trayectoria de la banda, debido como digo a la trayectoria de su cantante, así es que creo que aquí casi que sobran las palabras, simplemente se trata de disfrutar de un rato de 'buen y viejo Rock'n'Roll'...
Pero con un matiz muy importante: contiene un tema que desvela el camino seguido por la banda de aquí en adelante. La primera mitad del álbum es sencilla y contundentemente Metal, de pura cepa, que se podría definir incluso como 'Thrash progresivo'. Aresti y Matheos nos regalan los oídos con una serie deliciosa de fenomenales y cañeros riffs y emotivos solos, uno tras otro, y nos machacan sin piedad alguna, acompañados del magistral Steve Zimmermann y del efectivo Di Biase en la base rítmica, mientras Alder demuestra que su elección como sustituto de Arch fue un acierto. Fates Warning siguen en plena forma y su talento e inspiración no desciende para nada con respecto a su maravillosa trilogía editada hasta ese momento. Pero es en la segunda mitad del álbum donde se produce el giro, la metamorfosis que ya no tendría marcha atrás. El quinteto se descuelga con un tema de veintitantos minutos de duración, dividido en 8 partes, que se revela como un ejemplo real de cómo escribir una canción de metal a gran escala sin aburrir. Fluyen las atmósferas, pasamos de la tormenta a la calma y la épica lo envuelve todo. Comentar en este punto que 'No Exit' es un álbum conceptual, que habla de la dicotomía entre los sueños y aspiraciones que todos tenemos y la fría y cruda realidad de la vida. En resumen, tanto si se prefiere el sonido temprano más duro de la banda o las grabaciones posteriores más progresivas y accesibles, 'No Exit' es esencial para la comprensión de la transición de uno a otro estilo. Maravillosamente edificante.
